Geopolítica

¿Trump comprará Groenlandia? Las claves de la cruzada del presidente de EE. UU. para quedarse con la isla

El Gobierno Trump sigue mostrando sus intenciones de apoderarse de Groenlandia, a pesar de la dura oposición que existe. ¿Cuáles son los motivos para querer el territorio administrado por Dinamarca?

29 de marzo de 2025, 5:05 a. m.
MUN- GROENLANDIA
La visita de Vance a la base estadounidense de Pituffik, en la costa noroeste de Groenlandia, en compañía de su esposa Usha Vance. | Foto: Getty Images

Donald Trump, fiel a su estilo, siempre intenta cambiar el panorama mediático a su favor. Así ha sido durante sus dos periodos en la presidencia, en los que se ha caracterizado por lanzar ideas excéntricas que pocas veces se terminan realizando. Sin embargo, el mandatario ha mostrado su seria disposición de adueñarse de Groenlandia y anexarla a Estados Unidos, a pesar de la gran oposición que existe en ese territorio inhóspito.

Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente republicano ha priorizado dos territorios cercanos en su agenda internacional: el canal de Panamá y Groenlandia. En el caso del primero, ha amenazado con tomar el control, aunque no se ha detallado un plan concreto. En cuanto al segundo, tanto él como su Gobierno parecen decididos a apoderarse del territorio, justificando esta intención con argumentos que resultan, al menos, cuestionables.

Según el mandatario estadounidense, el frío territorio es totalmente necesario y primordial para Estados Unidos por dos factores que él considera un riesgo no solo para la propia Groenlandia y sus habitantes, sino también para la seguridad de los estadounidenses. El primero es la presencia militar de Rusia en el Ártico, que ha servido como fortaleza del régimen de Vladímir Putin, y el segundo son los intentos de avances económicos que ha tenido China, aunque estos siempre han sido negados. Sin embargo, se cree que habría otros intereses.

“Hay varios posibles motivos. Primero, controlar una potencial ruta comercial en el mar Ártico que reduciría los tiempos y los costos de transporte en franca competencia con Rusia y China. Segundo, mover el eje de la hegemonía global del Indopacífico, donde China tiene altas cuotas de influencia comercial hacia el Atlántico. Y tercero, lo que más se comenta: el deshielo del Ártico podría facilitar la extracción de recursos minerales que le permitirían a Estados Unidos cierta suficiencia energética y tomar ventaja en la carrera tecnológica”, le dice a SEMANA el profesor Manuel Camilo González, de la Universidad Javeriana.

En el territorio, administrado por Dinamarca desde 1953, se han mostrado más que reacios a la idea lanzada por el presidente estadounidense. Hace solo un par de semanas los habitantes de la isla fueron a las urnas para sus elecciones legislativas, en las que terminó triunfando un partido de orientación independentista moderado, que se ha manifestado en contra de las ideas expansionistas de Trump.

Además, según encuestas recientes, es una idea que los groenlandeses aborrecen por completo. Como ejemplo, en el sondeo de la firma Verian solo el 6 por ciento de los residentes de la isla quiere unirse a Estados Unidos, mientras que un 9 por ciento está indeciso y un contundente 85 por ciento rechaza la idea.

Donald Trump da su discurso de la Unión ante el Congreso de Estados Unidos
En un discurso ante el Congreso estadounidense, Trump reiteró que desea que Groenlandia sea propiedad de Estados Unidos. | Foto: AP

Esto no ha evitado que el presidente mueva sus fichas. Más allá de los constantes mensajes en redes sociales de Trump reiterando sus intenciones de comprar y anexar Groenlandia, el mismo Gobierno ha enviado a aliados y funcionarios suyos al territorio para intentar convencer al Gobierno local. La delegación inicialmente fue encabezada por Donald Jr., el hijo del presidente, quien viajó en enero, y esta semana estuvo el vicepresidente J. D. Vance junto con su familia, dejando allí varias declaraciones polémicas.

Como ejemplo de esto, el vicepresidente afirmó que Dinamarca “no ha hecho un buen trabajo para garantizar la seguridad de Groenlandia” y la acusó de “invertir poco en la población de Groenlandia y en la arquitectura de seguridad” de la isla. Además, expresó su apoyo al movimiento independentista de ese territorio, asegurando que, de lograr su objetivo, “se entablarían conversaciones a partir de ahí”, según declaró Vance.

Muchas de las acciones que ha tomado el Gobierno Trump han sido vistas como una respuesta hacia la Unión Europea, que cuestiona constantemente las políticas del Gobierno del republicano. Por esto, se ve que el proceso para comprar y anexar Groenlandia es una retaliación hacia la organización del Viejo Continente, pues las críticas del mandatario son las mismas que hace contra los países europeos, a los que acusa de esperar siempre que Estados Unidos pague por toda la seguridad del mundo. Ahora es un misterio cuál camino elegirá el presidente estadounidense, de quien se puede esperar cualquier cosa.

Nuuk, la capital de Groenlandia a finales de otoño. América, América del Norte, Groenlandia, territorio danés. (Foto de: Martin Zwick/REDA&CO/Universal Images Group vía Getty Images)
Trump manifiesta que Estados Unidos necesita la isla para garantizar la seguridad internacional. | Foto: REDA&CO/Universal Images Group v

“Estamos ante una situación absolutamente inédita. Es válido que tú quieras comprar un territorio y no sería la primera vez que Estados Unidos lo hiciera. La aspiración actual tiene que ver con Dinamarca, un país europeo y perteneciente a la Otan. Tendremos que ver de qué echa mano Donald Trump, pero sencillamente no podría yo en este momento afirmar, pero tampoco negar, que allí podría haber una operación militar”, asegura Thania Gabriela Rodríguez, docente en la Universidad de Granada y Sofía en España.

Existen tantas dudas en el proceso que adelanta Donald Trump contra Groenlandia y Dinamarca que ni los mismos estadounidenses están convencidos de ello. Según una encuesta que hizo CNN en marzo, solo el 30 por ciento de ellos están de acuerdo con que se compre el territorio autónomo danés. Pero también es muy incierta la verdadera capacidad que tenga el Gobierno estadounidense para quedarse con la isla, teniendo en cuenta la gran negativa interna y externa que hay al respecto.

“Veo esto improbable. Políticamente, los groenlandeses no quieren pertenecer a Estados Unidos, aunque quieren separarse gradualmente de Dinamarca. Diplomáticamente, expondría a Estados Unidos a la condena internacional por apropiarse de un territorio semiautónomo, pero ligado a un Estado miembro de la Otan, lo cual sería una inédita colisión directa entre Washington y la Alianza Atlántica”, asegura el profesor González sobre por qué quedarse con Groenlandia no es el camino más fácil para Donald Trump. Aún así, tampoco es una misión imposible del todo. Fiel a las políticas que ha venido aplicando, Trump podría tomar medidas de retorsión económica que doblegarían a los groenlandeses o a los daneses, usando duros aranceles. Si bien serían medidas que dañarían duramente la economía del país europeo, este podría sobrevivir en medio de esa dificultad durante los cuatro años del gobierno republicano.

“Yo no creo que Donald Trump se atreva a atacar a un aliado. Esto tendría unas consecuencias graves, como el rompimiento definitivo con Europa y con la Otan. Entonces, él, cuando reivindica esa urgencia por cuestiones de necesidad y de seguridad internacional para Estados Unidos, no menciona cómo va a apoderarse de Groenlandia”, complementa Rodríguez.

El presidente Donald Trump anunció que impondrá un arancel del 25% a los países que compren gas o Petróleo de Venezuela.
Trump usa los aranceles como "táctica de negociación". | Foto: AP/Getty Images

Por ahora, Estados Unidos mantiene los taches arriba contra Groenlandia, Dinamarca y la Unión Europea en respuesta a la fría relación que sostiene con Washington.

Si bien los planes de anexar la isla ártica lucen difíciles, Trump parece obsesionado con lograrlos a como dé lugar.

De momento, se espera cuál será la siguiente ficha del ajedrez que moverá el presidente en el tablero de la geopolítica.