Opinión
Festival póstumo: ¿muere el vallenato?
Aunque es innegable la evolución del vallenato como género, se hace necesaria la conservación de sus raíces por medio de distintas estrategias, como la educación músical y el apoyo a músicos tradicionales.

Para los más pesimistas este puede ser el último festival en el que escucharemos vallenato auténtico. Para mentes más abiertas puede ser la consecuencia natural del paso del tiempo. Y para un anarquista, eso es lo que hay y punto… ¡Qué siga la fiesta!
El vallenato, expresión musical nacida en la región Caribe colombiana, ha sido un símbolo de identidad cultural que trascendió fronteras. Sin embargo, en los últimos años su esencia tradicional parece desvanecerse frente a la globalización, la comercialización y la transformación de sus formas de producción y consumo. A pesar de su inclusión, en 2015, en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, la amenaza sobre su permanencia es real porque, entre otras cosas, su preservación fue una de las razones más importantes para tal declaración.
De las raíces a la comercialización
El vallenato tradicional, enraizado en los cantos de los juglares que narraban historias de amor, dolor y cotidianidad, ha sido desplazado por una versión más comercial y mediática. Según la Vallenatología, de Consuelo Araujonoguera, el vallenato nació del mestizaje cultural entre indígenas, afrodescendientes y europeos, lo que le dio un carácter único. No obstante, pareciera ser que las nuevas generaciones han desvirtuado esta tradición y privilegian letras vacías y ritmos que poco tienen que ver con el espíritu del género.
Pero el cambio es inevitable. A lo largo de la historia, cada generación ha aportado su propio matiz, sin perder del todo la esencia. En los años 70, Alejo, Alfredo y Luis Enrique fueron parte de la nueva ola, como luego lo fueron Emiliano, Colacho y Miguel López respecto a Calixto y Alejo. Y esto no es algo nuevo: una canción de la época ya lo advertía:
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Ya mi negra me dejó, / ¿cómo me compongo ahora?/ Porque ella dice que yo no soy de la nueva ola.
¿Quién cantó esto? Nadie menos que Alejo Durán.
Los matices han estado y siempre lo estarán. Lo complicado es que hoy la alta comercialización ha generado un problema mayor: hay más música con acordeón que música vallenata, y de eso es lo que hay que cuidar el vallenato.
En Argentina lo tocan y le llaman bandoneón; también en México y, desde luego, en Europa. Pero solo por brotar de un acordeón, el ritmo no se vuelve un vallenato. El acordeón es un continente, el vallenato es un contenido.
La declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial fue un esfuerzo por salvar el vallenato tradicional, pero ha enfrentado obstáculos. Uno de los principales retos ha sido la falta de una aplicación efectiva del Plan Especial de Salvaguarda, que busca fortalecer las prácticas tradicionales del vallenato y garantizar su transmisión a las nuevas generaciones.
Aquí es cuando ganan importancia las escuelas de música de tradición, como lo viene haciendo la Fundación Cocha Molina. No todo debe ser comercio: hay que garantizar que el vallenato original tenga espacios de aprendizaje y difusión. La formación de nuevas generaciones es la clave para mantener vivo el género en su esencia más pura.
¿Hacia una desaparición o transformación?
El vallenato tradicional no desaparecerá de un día para otro, pero su transformación es innegable. La falta de espacios que valoren su esencia, la desconexión de las nuevas generaciones y la comercialización excesiva han puesto en riesgo su supervivencia. Sin embargo, aún hay esperanzas para su preservación.
El reto está en encontrar un equilibrio entre la evolución del género y el respeto por su historia. Para ello, es fundamental fortalecer la educación musical, apoyar a los músicos tradicionales y garantizar la inclusión de todas las influencias que dieron origen al vallenato. Solo así se podrá evitar que esta joya cultural colombiana se convierta en una simple reliquia del pasado.
El vallenato ha cambiado y seguirá cambiando, pero la clave es que ese cambio no borre sus raíces. Así como bien decía Robert Calderón, en una composición que cantó Diomedes Díaz:
El don de pensar va heredando,/ Platón a Descartes;/ Martín al Cantor;/ Concepción Loperena a Consuelo;/ Gabo lo recogió de su abuelo;/ Gaitán de su pueblo...
El vallenato también debe intentar lograr ser transmitido con su alma intacta a quienes siguen. Sabio Alejo,/ Durán refirió,/ todo avanza,/ que no avance yo..., entonó Diomedez Díaz, quien, en su momento, también fue nueva ola.
Julieth Peraza Torres, gestora cultural